MAS ALLÁ DE LA MALVERSACION
La revelación de manejos turbios con los fondos dedicados para la subversión en Cuba se queda en el borde del problema. La auditoria realizada por la Oficina General de Contaduría (GAO), entidad investigativa del Congreso norteamericano, sobre el dinero adjudicado a la Agencia para el Desarrollo (USAID) se ocupa de asegurar “el buen uso de los recursos”. El informe de la GAO identificó “transacciones cuestionables”, “gastos dudosos” y “significativas debilidades” en 10 de los 36 programas de dicha Agencia para ayudar a promover la sedición interna en la Isla. ¿Quiere esto decir que si los mafiosos de Miami no hubieran desviado parte del dinero estaría muy bien para el Congreso la existencia de esas asignaciones monetarias?. La respuesta a esta pregunta es el fondo del problema. Lo que muchos tendenciosamente tratan de ubicar como un diferendo de Estados Unidos contra Cuba va más allá de eso. Washington se adjudica el derecho de legislar para cambiar el sistema de gobierno en un país independiente, que en este caso es Cuba, pero pueden ser otros. Además de legislar, dispone de dinero para subvertir y malversan, pero también se dedican a “su trabajo”. Ya se sabe que el bloqueo en cuatro décadas ha costado a la Isla 86 mil 108 millones de dólares según cálculos conservadores, un promedio de 1.832 millones anuales y de 4.186 millones en el período que va del segundo semestre de 2005 al primero del 2006. A unos los presionan, a otros los chantajean y a otros les pagan para que participen del bloqueo. Las instancias legislativas de Estados Unidos con preponderancia de republicanos o demócratas nunca se han planteado con Cuba otra cosa que no sea el derrocamiento de la revolución socialista y lamentablemente la opinión pública norteamericana resulta bastante ignorante de temas que no sean los domésticos. Aunque en aquel país halla voces disonantes, ello no significa que podemos aspirar a cambios en lo inmediato. Con tanta politiquería y demagogia hegemónica no es fácil verle el hilo a la madeja. Un ejemplo contundente han sido las últimas elecciones intermedias en EEUU. El tema de Iraq tuvo peso, pero las élites de gobierno del partido triunfador no están diciendo que retirarán las tropas del país árabe, si no que se contentan como hacer mejor la intervención. Con Cuba tampoco hay que hacerse ilusiones. No hay una corriente suficientemente fuerte como para impulsar un cambio de política de Estados Unidos en las actuales circunstancias. Develar las malversaciones de los mafiosos es solo una aproximación al problema. Lo esencial es una política agresiva que se sostiene y que entre sus pilares sostiene financiar el bloqueo con menos dinero del que le impiden obtener a Cuba. Mientras los mafiosos tratan de justificar sus tropelías y algunos “disidentes” se quejan de falta de dinero, el gobierno norteamericano mantiene sus asignaciones de fondos para eliminar la revolución cubana y los legisladores no se han puesto de acuerdo para acabar con esa política.

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