NI LIMPIOS, NI CORRECTOS, NI NEUTROS
La indecencia de Wolfowitz es la misma del sistema financiero mundial
Paul Wolfowitz se marcha del Banco Mundial en junio asegurando que actuó de buena fe cuando comisionó a su novia para que trabajara en el Departamento de Estado, bajo las órdenes de Lynne Cheney, hija del vicepresidente estadounidense, y ordenó que se le otorgara un salario de casi 200 mil dólares anuales. Él se lleva a casa 375 mil dólares en la bolsa y deja tras de sí una institución de dudosa credibilidad, pues declara la misión de reducir la pobreza en el planeta, mientras la ha multiplicado con la imposición de medidas económicas neoliberales. El 15 de mayo: el gobierno de Bush había reiterado su apoyo a Wolfowitz y evocó la necesidad de "servir a los mejores intereses de la institución". La indecencia de Wolfowitz va de la mano con su ideología fascista y su incondicionalidad a Bush.
El historial de Wolfowitz lo llevó a tomar parte en el complot de invadir y ocupar Iraq. Fue el segundo del Pentágono antes que la Casa Blanca lo enviara al Banco Mundial. El Banco Mundial tiene 184 países miembros, pero sólo uno, Estados Unidos, designa al presidente. Al crearse el Banco Mundial en 1944, impulsada por los países que triunfarían el año próximo en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), se alcanzó un acuerdo informal según el cual Estados Unidos designaría al presidente de esta institución, mientras Europa se encargaría de elegir al del Fondo Monetario Internacional (FMI). La intención declarada de combatir la pobreza es una falacia, dichas instituciones han servido de herramienta para la política económica y exterior de Estados Unidos y Europa.
Por todo el mundo 6.500 millones de personas intentan malvivir con menos de dos dólares al día. El Banco mantiene una enorme influencia sobre muchos gobiernos con más de 23.000 millones de dólares en préstamos otorgados el año pasado y su participación en miles de proyectos como represas, caminos, escuelas, hospitales y sistemas de irrigación. El Banco Mundial recibe más dinero de los países pobres del que les da. Estados Unidos, por ejemplo, cuenta con un director ejecutivo y 17,5 por ciento del poder de voto. Japón también tiene un director y siete por ciento de los votos en la dirección del Banco. Mientras, África cuenta con tres directores ejecutivos en representación de 53 países, que suman ocho por ciento del poder de voto. A pesar de contar con tan magro poder dentro del Banco y el FMI, los países pobres son los que financian el grueso de los costos administrativos de ambas instituciones, mediante el pago de intereses y otros servicios de deuda.
La superficialidad mediática al tratar el escándalo Wolfowitz es la confirmación de algo denunciado ya, pero que al actual orden mundial le parece muy bien. Solo recordar que la corrupción en algunos regímenes fue alentada por el Banco Mundial. El mismo desembolsó unos 30.000 millones de dólares a lo largo de 30 años en las arcas de la dictadura de Alí Suharto en Indonesia y toleró su virtual desaparición. Al mismo tiempo, no prestó atención a las evidentes violaciones de los derechos humanos en ese país.
Ya en el 2004 una investigación de la fundación New Economics Foundation (NEF, por su sigla en inglés), con sede en Londres, hablaba del “efecto aspiradora” de la economía mundial que se logra en gran medida por una estructura financiera internacional que está sesgada para beneficiar a los ricos. La construcción del sistema financiero internacional orientada por el dólar significa que los países pobres y ricos por igual están obligados a seguir financiando el déficit de los Estados Unidos a través de la compra de Letras del Tesoro. A falta de un patrón de moneda mundial, las Letras del Tesoro de los Estados Unidos cumplen ahora la función que alguna vez cumplió el oro en la economía mundial. Este sistema, según el NEF, ha provocado una creciente transferencia de recursos de los países pobres y la concentración de riqueza en los países ricos.
Anualmente – continuaba el estudio- hay una salida neta de 48.000 millones de dólares de los sectores más pobres a los más ricos, que supera largamente las concesiones anuales de ayuda que ascienden a 32.000 millones de dólares. También la fuga de capitales y las salidas por concepto de Inversión Extranjera Directa, del orden de los 97.800 millones de dólares anuales, implica una corriente de dineros de los países pobres para quedar depositados en bancos de Suiza, el Reino Unido y Estados Unidos, en especial. Las remesas de las ganancias obtenidas por las filiales de las transnacionales instaladas en los países en desarrollo y que éstas envían a las casas centrales radicadas en países ricos, significaron en 2002 una salida de más de 55.000 millones de dólares.
El beneficio para los ricos es lo que hoy pone en crisis precisamente el sistema financiero diseñado por los ricos. Una propuesta surgida en América Latina a instancias del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, da luz sobre las realidades y ofrece una alternativa. Es el Banco del Sur. La idea aún está en su fase de inicio y concreción, pero es atendible. Los seis países que inicialmente constituirían el Banco del Sur (Venezuela, Ecuador, Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay) tienen inmovilizados 164.000 millones de dólares, en Bancos de USA y Europa, lo que quiere decir, diez veces más de los créditos que recibieron con condicionamientos de todo tipo, durante el 2006.
Para el estudioso Alberto Buela, el Banco del Sur si naciera grande se transformaría automáticamente en la expresión financiera de la Unión Suramericana lo que le permitiría negociar como bloque y no aisladamente con los poderes internacionales. La consecuencia natural del un Banco del Sur pensado en términos de grandeza sería la implantación de una moneda única tal como se propuso en la reunión del Mercosur, aquella a la que asistió Nelson Mandela, realizada en Ushuaia en 1999 y dilatada por Brasil.
Según el Presidente del Ecuador, Rafael Correa, los instrumentos que se están proponiendo por un grupo de países latinoamericanos deben coincidir con la creación “una nueva arquitectura financiera mundial”, alejada de la lógica financiera de mercado y ligada a una "lógica de cooperación, de desarrollo". ”La lógica financiera ha privilegiado el interés del capital especulativo y no ha logrado combatir la pobreza, como sugieren los principios de esas entidades como el FMI y el BM”, dijo Correa, quien agregó que como consecuencia “creemos que es necesario crear nuestras propias instituciones financieras, con esta nueva lógica financiera de la región”, cuyo objetivo final debe ser la integración de “una gran nación”.
La apuesta de Correa va un poco más allá de lo económico y financiero, la sostener que la creación del Fondo del Sur “es una respuesta política al FMI, que ha sido un desastre para los países del Tercer Mundo y que en los últimos años (…) se ha convertido en el alguacil de la región”.Las instituciones financieras que nacieron tras la segunda guerra mundial en la que se repartió el mundo, buscan mantener ese reparto global imponiendo a las naciones “un nuevo sistema colonial, pero más limpio, es decir, son políticamente correctos, neutros”, explicaba un experto en economía mundial. Pero no son ni correctos ni neutros .La indecencia de Wolfowitz nada más y nada menos es la misma del gobierno que lo promueve y ha puesto al desnudo la verdadera esencia imperialista del sistema financiero mundial.
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