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NO ESTÁ COMPLETA LA INVESTIGACION A POSADA CARRILES

El caso Posada en El Salvador queda por investigar, señala la prensa

Jean-Guy Allard

Mientras en Panamá se analiza el fallo de la Corte Suprema que declara inconstitucional el indulto a favor de Luis Posada Carriles y de sus cómplices, en El Salvador la prensa reclama una investigación del terrorista internacional y de sus apoyos en este país.
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Las respectivas responsabilidades nunca se determinaron en el caso de Posada, "quien vivió durante muchos años en El Salvador con una identidad falsa, con protección gubernamental y con financiamiento cubano americano", (desde Miami), señala el diario El Faro.

"Un Posada Carriles que aquí planificó y contrató a salvadoreños para poner bombas en Cuba, por lo que nunca fue llevado a juicio ni investigadas sus conexiones con empresarios y autoridades locales", añade al señalar que el criminal fue finalmente capturado en Panamá "cuando pretendía asesinar al Presidente de Cuba" durante la Cumbre Iberoamericana de noviembre del 2000. "Un terrorista de cuya protección y complicidad no se ha investigado nada en El Salvador", concluye el rotativo que denuncia cómo "El Salvador sirve de refugio a prófugos internacionales".

Introducido en esa nación centroamericana por la CIA y la mafia de Miami en los años ochenta para manejar actividades clandestinas de tráfico de armas en la base salvadoreña de Ilopango, Posada pasó luego a asesorar operaciones de represión por cuenta del ex mandatario Napoleón Duarte.

Fue en ese país que reclutó a Francisco "El Panzón" Chávez Abarca, un delincuente que convirtió en su hombre de confianza en una operación terrorista ordenada y financiada por el comité paramilitar de la Fundación Nacional Cubano Americana.

Chávez Abarca situó la primera bomba de la campaña de terror desencadenada por Luis Posada Carriles en 1997, en La Habana, y contrató a Ernesto Cruz León, el ejecutante del atentado que causó la muerte del joven turista italiano Fabio di Celmo. Abarca sigue libre en ese territorio más de diez años después de esta campaña de terror.

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Un Comentario »

  1. stefano — 26-07-2008 - 15:31:57 GMT 1

    http://www.juventudrebelde.cu/2005/abril-junio/jun-29/klaus.html

    Klaus Barbie-Posada Carriles: la norma hipócrita

    Toni Solo

    Los problemas políticos y económicos que afligen a Estados Unidos y a sus aliados generan efectos que son cada vez más corrosivos y autodestructivos. Desde la engañosa “guerra contra el terror” a las fraudulentas declaraciones sobre la cancelación de la deuda, parecen ir tambaleando de una maniobra evidentemente desesperada a la siguiente. Por el momento, intoxicados por sucesivas intervenciones coloniales, los gobiernos esperan que la gente crea en el absurdo mito de que están defendiendo a la “democracia” o a la “patria”.

    El campo de concentración de Guantánamo, las prisiones secretas en Diego García y Bagram, y las violaciones británicas de la ley de Derechos Humanos europea suman detalles al modelo general seguido por los acontecimientos en Haití, Iraq y Afganistán. Todos ponen a la luz el sadismo esencial inherente en los esfuerzos del gobierno de EE.UU. y sus aliados por aplastar o controlar la resistencia.

    No se trata de un terrible error de burócratas atolondrados. El propósito obvio de campos de tortura aislados en Guantánamo y en otros sitios es entrenar a torturadores en masa para utilizarlos contra las resistencias en el exterior y en cada país. Para ellos, es irrelevante a quiénes utilizan como cobayas.

    La protección del asesino masivo cubano Luis Posada Carriles cae dentro de la política general de EE.UU. basada en el terrorismo de Estado y la tortura. En contraste con el trato de que goza Posada Carriles, cinco valerosos cubanos siguen encarcelados en EE.UU. sobre la base de acusaciones amañadas, después de haber puesto en evidencia las redes terroristas anticubanas en Miami. Mientras Posada Carriles se beneficia evidentemente de la política pro terrorista de Estados Unidos, es igualmente obvio que los cinco cubanos son víctimas de su perversa injusticia.

    Se ha prestado mucha atención al papel de Posada Carriles en el atentado contra un avión civil cubano en 1976. Pero poco se ha dicho sobre su carrera como torturador para gobiernos venezolanos aliados directamente con Estados Unidos en los años 60 y 70. La letanía de sus crímenes en toda Latinoamérica incluye secuestros, atentados con bombas, asesinatos y torturas —todo apoyado consecuentemente por el gobierno de Estados Unidos. Vale la pena echar un vistazo a la continuidad de la protección de torturadores y terroristas como Posada Carriles desde la Segunda Guerra Mundial.

    Después de la derrota de Japón en 1945, el Comité Estado-Armada de Coordinación de la Guerra concluyó que: “El valor para EE.UU. de los datos sobre la Guerra Biológica japonesa es de tal importancia para la seguridad nacional como para compensar con creces el valor resultante de los procesos por “crímenes de guerra”.

    Esa decisión de proteger a criminales de guerra japoneses “en función del interés de la seguridad nacional” para asegurarse de la supremacía en la investigación de la guerra biológica formó parte de un esfuerzo sistemático de EE.UU. y de sus aliados por reclutar criminales de guerra japoneses, alemanes y otros, después de 1945.

    Los científicos japoneses en la Unidad 731 practicaron técnicas quirúrgicas de emergencia a prisioneros de numerosas nacionalidades, sin anestesia. Sus experimentos con prisioneros vivos —incluyendo a miles de prisioneros de guerra estadounidenses y aliados— con enfermedades infecciosas como ántrax, tifus, cólera y meningitis culminaron en “experimentos en el terreno” como el bombardeo de la aldea china de Congshan con peste bubónica. Decenas de miles de víctimas sufrieron muertes horrendas en el curso de estos “experimentos”. Para EE.UU. solo representó una investigación más de valor para sus fuerzas armadas, así que protegieron a los científicos japoneses contra su enjuiciamiento.

    La política de terror continuó durante la guerra de Corea. El general Ridgway, del ejército de EE.UU., declaró en 1951: “Maten a todo civil sospechoso de ser comunista antes de que llegue a ser prisionero”. Las masacres durante la ocupación de Corea por EE.UU. fueron el preludio de la arbitraria matanza de civiles por fuerzas de Naciones Unidas durante toda la Guerra de Corea.

    El caso de Klaus Barbie es uno de los ejemplos más tristemente célebres de cómo el gobierno de EE.UU. utilizó cínicamente a criminales de guerra para sus propios propósitos. Después de la Segunda Guerra Mundial, Barbie escapó a la justicia por el asesinato de más de 4 000 civiles y la deportación de más de 7 000 judíos a campos de concentración. En Lyon, donde terminó por ser procesado, era temido como un sadista despiadado, responsable de la supervisión del arresto y la tortura de más de 14 000 miembros de la resistencia —en la jerga actual de EE.UU. “terroristas”.

    Con ese historial, Barbie fue reclutado por las autoridades de EE.UU. para que trabajara en la Alemania ocupada por EE.UU. Cuando las autoridades francesas pidieron su arresto en 1956, el gobierno de EE.UU. le ayudó a escapar a Bolivia, donde asumió el nombre de Klaus Altmann. Como Altmann, en las décadas siguientes, llegó a trabajar como interrogador para gobiernos represivos en Perú y Bolivia.

    Los años 70 fueron la era de Pinochet y del Plan Cóndor, un programa internacional de acción clandestina coordinado por Estados Unidos para atacar a grupos políticos disidentes de izquierda en América del Sur. Fue la época de la “guerra sucia” en Argentina, de la dictadura de Stroessner en Paraguay, la represión en Uruguay y la tiranía de Pinochet en Chile. Barbie estaba en su elemento. En Bolivia, en 1980, ayudó activamente a que el corrupto narco-régimen del general Meza García llegara al poder. Klaus Barbie fue finalmente extraditado a Francia en 1983 y condenado finalmente en 1987, antes de morir en prisión en 1991.

    Las autoridades de EE.UU. y sus aliados muestran gran aprecio hacia torturadores y terroristas mientras sus actividades sirvan a sus fines. Los actuales esfuerzos del régimen de Bush por proteger a Posada Carriles, un individuo con un perfil como torturador y terrorista muy similar al de Klaus Barbie, no constituyen una aberración. Son un reconocimiento tácito de una norma hipócrita establecida hace mucho tiempo. (Tomado de Rebelión)

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